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Location: IBAGUE, TOLIMA, Colombia

Sunday, February 20, 2011

EL EXILIO DEL POETA

LIBARDO VARGAS CELEMIN
Profesor Asociado UT
lcelemin@ut.edu.co
“Por la llanuras del dolor/ cruza el polvo del destierro/polvo que no tiene voz/ ni carne para los besos”, así escribe desde las frías calles de Montevideo, el poeta Humberto Cárdenas Mota, quien viviera entre nosotros cantándole a la vida y defendiendo el derecho inalienable de la libertad. Hace tres años partió como refugiado político, porque los bárbaros asechaban su casa, amenazaban su familia y lo esperaban en los recodos del camino que conducía a su granja agroecológica, desde la que demostró que es posible cultivar sin destruir.
Comprometido con la defensa de los desposeídos y su entorno, publicó en el año 2005 un libro donde habló de “La gramática de la Barbarie”, y en el 2007 salió a la luz pública “El amor a la humanidad de los hombres de rapiña”, textos que le valieron el odio visceral de los enemigos enquistados en las cavernas donde se teje la urdimbre de la intolerancia.
Cárdenas Mota dice que partió con cuatro maletas a las que quedó reducida su casa, su granja, los juguetes y los libros de su hijo; la quebrada que continúa pasando junto a un paisaje del que ya no hace parte y la nostalgia asomándose a borbotones tras las cortinas de sus párpados. “Mis ojos como mendigos, se asoman a la ventana”, escribe en uno de sus recientes versos y en ellos se acumula el dolor de la partida, la incertidumbre del futuro y la necesidad del abrazo que reivindique la razón de la amistad.
Su poesía sigue buceando las profundidades de la cotidianidad, mientras las calles ajenas, el viento extraño y las voces distintas golpean su conciencia de emigrante que evoca la calidez de los amigos y un nudo de impotencia retuerce sus manos y se agolpa en la garganta. Ahora marcha con el recuerdo apuntalado de la casa, para sentarse luego “en el borde silencioso de una pequeña cama” a esperar como náufrago que soplen los vientos del regreso.
Aunque Eduard Said dice que “El exilio es la grieta imposible de cicatrizar impuesta entre un ser humano y su lugar natal, entre el yo y su verdadero hogar: nunca se puede superar su esencial tristeza”, Humberto sabe que para sobrellevar esa nostalgia cuenta con el caluroso apoyo moral de un enjambre de amigos que fue cultivando en el terreno fértil del trato honesto y fraterno.
Evocar los versos de Humberto es una forma de decirle a sus perseguidores que han logrado alejarlo físicamente de su territorio, pero que jamás pondrán borrar ni una sola palabra del canto que entonamos todos, los que creemos en la poesía como la patria inexpugnable de todo ser humano.

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