NUEVA NOVELISTA IBAGUEREÑA
LIBARDO VARGAS CELEMIN
Profesor Asociado UT
lcelemin@ut.edu.co
En los tiempos en que las mujeres tratan de desempeñar todos los roles en la sociedad, aun aquellos en que su condición física se debe exigir al máximo, paradójicamente en el campo de la literatura, especialmente en la novela, son pocas las autoras que se lanzan a la tarea de escribir para llevar al lector por los caminos de la imaginación y la fantasía. Una revisión panorámica a la literatura colombiana nos mostrará unos pocos nombres y a nivel regional la cuenta no pasa de cinco, por eso la aparición de una nueva novelista nos resulta muy grato.
Luz Stella Rivera Espinosa es una ibaguereña, Licenciada en Lenguas Modernas de la Universidad del Tolima, docente de Literatura y español, y quien ha realizado una paciente, pero fructífera tarea en la construcción de historias que le han valido el reconocimiento en varios concursos locales y regionales de cuento y crónica. Desde sus años de bachillerato se comprometió con la narrativa y en la universidad fue una de las promotoras y fundadoras del Taller de Creación Literaria del Centro Cultural.
En el año 2009 resultó finalista del Concurso de Literatura Infantil “El barco de vapor”, de la Biblioteca Luis Ángel Arango, precisamente con la novela “El tren de Montelíbano”, una metáfora sobre la materialización de los sueños por parte de un grupo de pasajeros de un tren fantasma.
“El tren de Montelíbano”, primera novela de Luz Stella, fue publicada por la editorial “Caza de libros” y presentada en la reciente Feria del libro de Bogotá y, aunque figura como literatura infantil, los sentidos que subyacen en la obra constituyen un reto para los lectores adultos
Los seres que deciden abordar el tren que pasa cada cincuenta años por el poblado y que no tiene maquinista, lo hacen, unos por la posibilidad de realizar su sueño persistente, los otros llenos de escepticismo, pero todos desafiando la realidad.
En ese juego de materializar aspiraciones, todos llegan al destino que invocaron en las silla de los vagones estáticos. Lo pedido se cumple: conocer el mar; trepar por las aristas del Everest; entregar los papeles para el reconocimiento de sus pensiones; recobrar el amor infantil o alcanzar la curación de una enfermedad terminal. Estos son algunos de los móviles que llevaron a los personajes a emprender la aventura. Pero la gran contradicción que se plantea, no es que esto haya sido solo un espejismo, sino que ninguno queda plenamente satisfecho con lo que encuentra.
Al saludar esta nueva obra que amplía la bibliografía de la novela del Tolima, llamamos la atención de los lectores para que transiten por su brevedad física, pero también por su densidad conceptual.
LA GAVIA LITERARIA
Thursday, August 11, 2011
NUEVA NOVELISTA IBAGUEREÑA
LIBARDO VARGAS CELEMIN
Profesor Asociado UT
lcelemin@ut.edu.co
En los tiempos en que las mujeres tratan de desempeñar todos los roles en la sociedad, aun aquellos en que su condición física se debe exigir al máximo, paradójicamente en el campo de la literatura, especialmente en la novela, son pocas las autoras que se lanzan a la tarea de escribir para llevar al lector por los caminos de la imaginación y la fantasía. Una revisión panorámica a la literatura colombiana nos mostrará unos pocos nombres y a nivel regional la cuenta no pasa de cinco, por eso la aparición de una nueva novelista nos resulta muy grato.
Luz Stella Rivera Espinosa es una ibaguereña, Licenciada en Lenguas Modernas de la Universidad del Tolima, docente de Literatura y español, y quien ha realizado una paciente, pero fructífera tarea en la construcción de historias que le han valido el reconocimiento en varios concursos locales y regionales de cuento y crónica. Desde sus años de bachillerato se comprometió con la narrativa y en la universidad fue una de las promotoras y fundadoras del Taller de Creación Literaria del Centro Cultural.
En el año 2009 resultó finalista del Concurso de Literatura Infantil “El barco de vapor”, de la Biblioteca Luis Ángel Arango, precisamente con la novela “El tren de Montelíbano”, una metáfora sobre la materialización de los sueños por parte de un grupo de pasajeros de un tren fantasma.
“El tren de Montelíbano”, primera novela de Luz Stella, fue publicada por la editorial “Caza de libros” y presentada en la reciente Feria del libro de Bogotá y, aunque figura como literatura infantil, los sentidos que subyacen en la obra constituyen un reto para los lectores adultos
Los seres que deciden abordar el tren que pasa cada cincuenta años por el poblado y que no tiene maquinista, lo hacen, unos por la posibilidad de realizar su sueño persistente, los otros llenos de escepticismo, pero todos desafiando la realidad.
En ese juego de materializar aspiraciones, todos llegan al destino que invocaron en las silla de los vagones estáticos. Lo pedido se cumple: conocer el mar; trepar por las aristas del Everest; entregar los papeles para el reconocimiento de sus pensiones; recobrar el amor infantil o alcanzar la curación de una enfermedad terminal. Estos son algunos de los móviles que llevaron a los personajes a emprender la aventura. Pero la gran contradicción que se plantea, no es que esto haya sido solo un espejismo, sino que ninguno queda plenamente satisfecho con lo que encuentra.
Al saludar esta nueva obra que amplía la bibliografía de la novela del Tolima, llamamos la atención de los lectores para que transiten por su brevedad física, pero también por su densidad conceptual.
CIEN AÑOS DEL “PELADO” QUE SE LA JUGÓ
CON EL “INDIOMA”
LIBARDO VARGAS CELEMIN
Profesor Asociado UT
lcelemin@ut.edu.co
Este viernes se cumplen cien años del nacimiento de Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, más conocido como “Cantinflas”, el actor y comediante mexicano que supo encarnar la condición marginal del hombre latinoamericano, para enfrentarse a los dueños del poder, armado simplemente de los malabares de la palabra.
Nació en ciudad de Mexicano y creció en el barrio Tepito “tierra de campeones/ de gente valiente/de gente que sueña/viviendo el presente”, y soñó con ser agrónomo, médico, boxeador y torero, pero terminó enganchado en las carpas de los circos, de donde saltó con su cuerpo menudo a la pantalla del cine, donde actuó en cuarenta y nueve películas.
“La ignorancia es la madre de todos los vicios y en ese caso es mejor ser huérfano”, dijo en la película el profe y remató aquella escena con la frase lapidaria de que “estamos para dialogar mutuamente, uno entre uno y todos para todos, para llegar a conclusiones que nos lleven a que, por qué, y de qué, vamos a ver qué” y con este discurso dialéctico supo enredar a los poderosos y enrostrarles que sus palabras refinadas e hipócritas, tenían una respuesta en lo que Carlos Monsivais llamó “ la erupción de la plebe en el idioma”.
A manera de un quijote “Cantinflas” se dedicó a enderezar entuertos, a proteger indefensos, a reivindicar derechos y a soñar con dulcineas, las mismas que quedaban estupefactas en las pistas de baile, ante los requiebros de su cintura, los salticos rocambolescos, los pantalones descaderados, los pases acrobáticos y esas frases incoherentes acompañadas de una voz meliflua y una mirada enternecida.
El estilo cantinflesco se impuso de tal manera que entró a ser parte del léxico reconocido por la Real Academia, quien lo define como “hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada”, mientras María Moliner dice que el cantinfleo es una ”manera de hablar donde se dice mucho , pero se expresa poco”. Y con este estilo no solo cautivó a los espectadores por más de medio siglo, sino que lanzó mensajes, tal vez hoy idealistas, contra quienes, prevalidos de un supuesto lenguaje coherente, explotan y someten a millones de personas en el mundo entero.
Uno de sus temas predilectos fue la educación. Al igual que un personaje del “Periquillo sarniento” de Fernández de Lizardi, intentó enseñar lo que no sabía, pero lo hizo con tanta compromiso y vehemencia que recibió muchos reconocimientos, entre otros el de “Maestro Honoris Causa”, otorgado por el Instituto Ibagué, el 10 de diciembre de 1973.
Mil carcajadas para recordar a ese chaparrito mexicano, cuya gracia fue, él mismo lo dijo, “la facilidad de palabra”.
